Robi Draco Rosa
Vagabundo
Sony, 1996
Metamorfosis. Esa es la palabra adecuada que constantemente viaja por mi mente cuando pretendo describir la naturaleza del presente trabajo. Cambio, mutación, crisálida... ¿cuántos adjetivos asoman por mi cabeza?, y el asombro que me produce el pasado vuelve como centella a recordarme que los milagros deberían existir. Pero no existen. Robi Rosa, el mismo quinceañero histérico que hacía algunos años saltaba como puta con los Menudos, ha dado a luz uno de los álbumes más creativos que estos humildes oídos han escuchado en mucho tiempo. No es broma. Sin prejuicios, olvidando el bochornoso pasado y retomando el tiempo perdido en convencernos que es de niño cuando uno suele cometer los errores más lamentables, vuelve al presente, con Vagabundo bajo el brazo y uno no puede dejar de admirarse ante la madurez alcanzada y la insolencia de quien venía último en la fila, huyéndole al pasado. No es broma. Acelerado, inquietante, vigoroso, nostálgico, todas las sensaciones podría subvertirse al instante porque es de cambios que está construido este disco. Rosa retoma con brillantez el ritmo sesentero que muchos habían sacrificado y le otorga toda la fiereza del presente: la desafiante mezcla de tiempos, el sonido acompasado de vientos y un cuarteto de cuerdas impresionante que no rebalsan ni saturan el sonido. La mezcla es correcta, puede pasar de la rudeza primigenia de canciones como Madre tierra , Brujería (Guardo palabras del infierno y del cielo/risas prohibidas/ y gritos tan fuertes que parecen silencios/que abren heridas) o Vértigo hasta la suavidad acústica que despiden Amantes hasta el fin , La flor del frío y Blanca mujer . Por su parte Vivir , Llanto subterráneo y Para no olvidar son piezas fundamentales para entender la evolución, cargada de fuerza y armonía, que los cambios de Rosa le imprimen a sus canciones. No sólo los riffs violentos pueden transformar el curso de las melodías, ahí están las trompetas, la percusión, el sonido agridulce del piano. No hay mejor manera de entenderlo que escuchando Vagabundo , acaso la mejor canción y donde la influencia de Alice in Chains pareciera premeditada. Por su parte, las líricas no dejan de sorprenderme, Rosa ha logrado llenar la melancolía, traspasar la frontera de los sentimientos con frases suaves y cargadas de poesía: “Morir es retirarse/hacerse a un lado/ocultarse un momento/estarse quieto/ pasar el aire de una orilla a nado/ y estar en todas partes en secreto” ( Para no olvidar ). No es un milagro, pero sí que lo parece. ¿Acaso es tarde para los que aún no se arrepienten? ¿Es tarde Christian Meier?... Yo creo que sí hermano. Ni un milagro te salva.
Publicado originalmente en la revista Caleta. Número 14. (1997). |