Alrededor de Edmundo

Entrevista a Edmundo Paz Soldán

 


Cierto: el mundo académico se toma su tiempo para investigar una determinada obra, darle la validez en el tiempo con criterios muchas veces antojadizos, o de acuerdo a los patrones estéticos en boga. No en vano la palabra “revalorizar” ha ido cobrando una importancia inusitada en el campo literario durante los últimos años. La gran literatura hispanoamericana, después de los sucesivos e interminables Posbooms, ha ido languideciendo para el panorama universitario y muchos críticos se solazan dando vueltas sobre los mismos antiguos debates, sin siquiera abrir los ojos a lo que el después está brindando en forma viva

Existe, pues, toda una generación —algo disgregada, es bueno decirlo— de autores que, sobre todo desde principios de los años noventa, está bregando por hacerse un espacio propio. Uno de los más importantes y exitosos es el boliviano Edmundo Paz Soldán (Cochabamba, 1967). Ganador del prestigioso Premio de Cuento Juan Rulfo 1997 con el relato Dochera ; autor de las novelas: Días de papel (1991), Alrededor de la torre (1997), Río fugitivo (1998) y Sueños digitales (2000); y de los libros de cuentos: Las máscaras de la nada (1990), Desapariciones (1994) y Amores Imperfectos (1999), es, además, co-editor, junto a Alberto Fuguet, de la polémica antología de cuentos Se habla español: Voces latinas en USA (2001) , doctor en lenguas y literaturas hispánicas de la Universidad de Berkeley, y actualmente profesor de literatura latinoamericana en Cornell.
En la siguiente entrevista, hablamos de todo un poco: desde el avance peligroso del mundo massmediático como tema de creación literaria, hasta la escasa influencia que ha ejercido Gabriel García Márquez en las nuevas generaciones de autores.
Se podría decir que eres un escritor prolífico, en diez años publicaste cuatro novelas, tres libros de cuentos y dos antologías. Sin embargo, tu nombre resuena con menos fuerza dentro la literatura hispanoamericana que el de autores -que algunas voces inquisitivas consideran mediocres-, como el chileno Alberto Fuguet y el peruano Jaime Bayly. Además está el hecho de que ambos han visto novelas suyas llevadas al cine, y tú no. Mirando un poco en retrospectiva, y más allá de la estima que les puedas tener, ¿crees que te apresuraste un poco al publicar tus tres primeros libros? 
Me parece que estás sugiriendo varias cosas peligrosas: que no es bueno ser prolífico; que cierto criterio de resonancia literaria está dado por la adaptación de una obra al cine. En cuanto a lo primero, cada escritor tiene su propio ritmo interno: Pynchon tarda diecisiete años en escritor una novela, Saramago tarda nueve meses. En cuanto a lo segundo, estoy en compañía de muchos cuyas obras no han sido adaptadas al cine. Eso, si llega, excelente; si no, también. En cuanto a tu pregunta específica, la respuesta es no, no me apresuré. Pero sí es cierto que mis cuatro primeros libros fueron publicados en Bolivia, y como tú sabes, Bolivia es un país que está fuera del circuito literario, lo cual hace más difícil que se conozca la obra de un escritor boliviano (o de un ecuatoriano, o de un paraguayo). Esto, por si acaso, no es una queja: así me tocó y punto. Ahora, en septiembre, Alfaguara lanza al mercado latinoamericano una redición de mi primer y tercer libros, ambos de cuentos: Las máscaras de la nada y Desapariciones . Ambos se han mantenido vivitos y coleando en Bolivia, por suerte, y espero que siga así cuando vayan en busca de lectores en otros países. En cuanto al segundo libro, Días de papel , fue mi primera novela, y si bien ganó el premio nacional de novela más importante en Bolivia, reconozco que tiene los típicos errores del novelista primerizo. Pocos se salvan de eso, ¿no?    
¿Tú crees que ser prolífico, como lo puede ser de repente un autor de Best Sellers que puede (y debe) vivir de sus libros, sea un mérito dentro de la obra de un escritor que aspira a que la crítica y el público lo lean? ¿No crees que lo difícil es equilibrar la prolificidad del autor con obras que, de alguna manera, puedan ser trascendentales, puedan recordarse y revalorarse en el tiempo?
Ser prolífico no debería ser ni un mérito ni un punto en contra. Debería ser algo tan anecdótico y extraliterario como aquello de que si es que uno escribe en computadora o a mano. Y tampoco se trata de equilibrar nada: las obras de arte a veces tardan un día en nacer, a veces diez años, a veces no nacen nunca.
Siendo tú, un crítico público de las novelas de Bayly y teniendo conciencia de que Bayly, al menos en el Perú, vende más libros que tú ¿Qué tan importante te parece para un escritor el hecho de salir en televisión? ¿Te parece válida la denuncia que hace el escritor Iván Thays cuando dice que hay libros impublicables de Jaime Bayly que son aceptados sólo porque es famoso? 
Salir en televisión debería ser algo tan extraliterario como que el escritor sea ingeniero. No le debería quitar ni agregar nada a una obra; la obra debería imponer su calidad a pesar de la visibilidad mass-mediática del autor. No sé si hay libros impublicables de Bayly; entero, sólo leí uno de ellos, La noche es virgen , y a pesar de las críticas públicas que le hice reconozco que sabe narrar una historia.
Tú eres un escritor boliviano que la crítica de ese país trató mal porque, en tus propias palabras, no existe "de manera continuada, una novelística de corte urbano" y "los críticos bolivianos todavía (la) consideran frívola, no digna de ser narrada". Tus dos primeras novelas se ubican dentro de ciudades bolivianas pero a partir de Río Fugitivo (1998), y a la manera de las ciudades imaginarias de Faulkner, García Márquez u Onetti, estableces tu propia ciudad con el mismo nombre. ¿Esta creación figuraba dentro de tu proyecto narrativo o fue una forma de escribir -con libertad, sin incomodar a nadie- sobre la urbe boliviana, sin estar, al menos no de una manera realista, dentro de Bolivia?
No figuraba dentro de mi proyecto. Ocurrió que me di cuenta que ya son más de quince años que no vivo en Cochabamba, y que si bien voy por allá al menos dos veces por año, y por largas temporadas, cada vez me estaba costando más narrar Cochabamba dentro de un código realista. Río fugitivo fue un ejercicio de la nostalgia, pues la novela está ambientada en 1984, último año que viví de veras en Cochabamba. Al escribir esa novela, se me ocurrió que necesitaba un espacio propio, en el que pudieran ingresar libremente cosas de mi experiencia posterior a ese año. La ciudad de Río fugitivo de Sueños digitales ya es una Cochabamba muy mezclada con, por ejemplo, La Paz, o la Ithaca en la que vivo hoy.  
Desde los primeros cuentos de Las Máscaras de la Nada (1990) e incluso en algunos relatos de Amores Imperfectos (1998) se notaba en tu trabajo una crítica del avance vertiginoso de los medios de masa y de las nuevas tecnologías en el mundo. Después de leer Sueños Digitales (2000) y de revisar esa parodia del chat room que, junto a Alberto Fuguet, haces en el prólogo de Se Habla Español , no me queda claro si tú criticas por un lado mientras apologizas por otro...
En Sueños digitales intento narrar la historia de alguien que, deslumbrado por esas nuevas tecnologías digitales, va aprendiendo poco a poco acerca de su lado siniestro y termina haciéndose cuestionamientos éticos al respecto. Así que no hay apología, aunque la abundancia de artefactos del mundo massmediático pueda tornar más ambigua la cosa. En cuanto a lo otro, reconozco que yo todos los días me pierdo en el internet o utilizo de manera benéfica las nuevas tecnologías; sería muy hipócrita ser simplemente crítico de ellas. Creo que lo mejor es un juego de ida y vuelta, que la fascinación venga acompañada por la mirada crítica.  
¿Estarías dispuesto a publicar tus libros por Internet como ya lo han hecho algunos autores latinoamericanos?
No sé si libros, pero sí quizás cuentos o una nouvelle para comenzar.
Tienes un fuerte vínculo con el Perú. Tanto Amores imperfectos como Río Fugitivo agotaron sus ediciones, escribes cada cierto tiempo en “El Comercio” y los críticos de ese diario suelen tratarte muy bien. Ahora, y sin ser este tu caso, hay muchos jóvenes escritores limeños que se quejan, acaso con justa razón, porque piensan que las buenas críticas de los novelistas se forjan por compadrazgos literarios en las redacciones, y las malas, por enconos personales o frustraciones individuales: "tú hablas bien de mis libros y yo de los tuyos" o "este escritor es malo porque es más exitoso que yo". ¿Qué opinas al respecto? 
Curiosamente, la única crítica negativa a Sueños digitales en el Perú (que yo sepa, al menos) fue publicada en El Comercio . Así que por suerte la amistad que tengo con ellos no ha impedido la publicación de críticas. Ahora, en lo que tú dices hay algo de verdad, y creo que es válido para Hispanoamérica en general: nuestros gremios literarios son muy pequeños y están llenos de envidias y enconos; no hemos podido desarrollar una fuerte tradición de crítica independiente. Eso hace que muchas veces, a la hora de juzgar una obra, nos dejemos llevar por cosas extraliterarias como de qué bando es tal o cual escritor. Por suerte, el tiempo suele hacer su antología, y a la larga quedan las obras que cuentan.     
Existe una deuda entre los escritores de tu generación y autores como Manuel Puig y Mario Vargas Llosa, cuyas vinculaciones con el género cinematográfico, en el caso de ambos, y con la adaptación de los elementos de la cultura popular, en el caso del primero, fueron un aporte importante en la narrativa mundial y son baluartes de la estética de los llamados nuevos escritores. En Alrededor de la Torre (1997) tú le rindes tributo a Vargas Llosa de forma evidente y Alberto Fuguet no se cansa de nombrarlo en sus obras. ¿Por qué sí Vargas Llosa y no, por ejemplo, García Márquez, de quien incluso parecen burlarse con la Antología de McOndo ? ¿Por qué Puig y no Fuentes o Cortázar?  
Que queden las cosas claras: yo admiro mucho a García Márquez y me fascinan sus novelas. Pero jamás me animaría a seguir sus huellas, porque su mundo este muy marcado y es muy suyo. Cuestión de piel, supongo. En cambio, la influencia de Vargas Llosa no se marca tanto en la escritura y puede ser más útil para un aprendiz de escritor. Además de que, para mí, el mundo narrativo de Vargas Llosa tiene muchos parecidos con el mundo urbano de la Cochabamba de mi infancia y mi adolescencia. Me reconocí en Los jefes , en Los cachorros , en La ciudad y los perros . Y eso es mucho decir, ¿no?
En cuanto a otros escritores, yo creo que está claro que en mis cuentos las influencias se llaman Borges, Cortázar, Onetti, y no Puig. Yo a Puig llegué tarde, lo comencé a leer cuando mi mundo narrativo ya estaba formado en gran parte y otras influencias habían hecho lo suyo. Lo cual no quita que le reconozca que es uno de los escritores más vigentes hoy, quizás porque logró retratar antes que otros ese mundo de cine y folletines en el que hoy vivimos.   
La labor crítica de los académicos, no sólo en Latinoamérica, sino también en los Estados Unidos, parece eslabonada al pasado y se ha quedado estática después del estudio efímero de algunos pocos autores del llamado Posboom. ¿Por qué crees que ocurre esto?
Yo creo que el mundo académico tiene un ritmo necesariamente lánguido y se toma su tiempo para estudiar una obra. Pocos autores son estudiados inmediatamente, a medida que se publican sus obras (en los últimos años, sólo puedo pensar en el caso curioso y algo extravagante de Diamela Eltit). Está bien que sea así. Aunque claro, a veces se exagera, y al final el estudio de la literatura en las universidades se convierte a veces en el estudio de cadáveres exquisitos. 
¿De dónde surge la idea de hacer una antología de autores latinoamericanos que escribieran en, o sobre, los Estados Unidos?
Siempre se nos ha dicho que somos una generación alienada, vendida a la cultura de masas norteamericana. La idea era jugar con esa crítica, y acercarnos a los Estados Unidos, dejando en claro que nos alejamos de los facilismos simplificadores de antes en la relación Norte/Sur; la realidad de hoy es más compleja, y si bien nosotros en general no tenemos una visión antagónica hacia los Estados Unidos, la antología muestra que nuestra mirada tampoco es celebratoria.
¿Cuáles fueron los criterios que utilizaron Alberto Fuguet y tú para seleccionar a los autores?
Invitamos a autores representativos de cada país, con alguna que otra excepción: había tantos nombres conocidos, que nos podíamos permitir incorporar otros nombres que tenían textos que nos gustaban. Una vez hecha la preselección, al final quedaron los textos que nos gustaron a Alberto y a mí. Hubo algunos que me gustaron más a mí que a él, y viceversa, pero lo discutimos hasta llegar a un consenso.
Ustedes sugieren en el prólogo que ahora "no se puede concebir a los Estados Unidos sin necesariamente pensar en América Latina": ¿crees realmente que exista un público norteamericano interesado en esa idea que quiera comprar este libro?
No lo sé...
Y si lo hubiera ¿ha sido editado también en inglés o el estadounidense que quiera leerlo tiene que aprender primero el español para hacerlo?
No ha sido editado en inglés.
Si la editorial no quiere editarlo en inglés, aún cuando los estudios de la cultura latinoamericana han ido en aumento en los últimos años, podríamos concluir de aquello que ese acercamiento entre culturas que ustedes esbozan en el prólogo sólo se reduce a un ínfimo círculo académico de estudios y, por lo tanto, no se tendría que concebir a “los Estados Unidos sin necesariamente pensar en América Latina” sino, exclusivamente, todo lo contrario…
Me parece que se están confundiendo un poco las cosas. Simplemente, Alfaguara no edita libros en inglés. Su apuesta es por la expansión del mercado de libros en español en los Estados Unidos. Queremos publicar la antología en inglés, pero para ello tenemos que dejar que el agente le haga propuesta a editoriales norteamericanas que publican en inglés. Tiempo al tiempo.
Edmundo ¿no es un poco extraño, para aquellos que hemos seguido tu evolución como novelista, que hagas un prólogo que, a la manera del argentino Rodrigo Fresán, por citar un ejemplo, intercale en su prosa palabras en inglés y en español?
Quizás. Pero hay que poner el prólogo en el contexto del libro. Alberto y yo queríamos escribir un texto serio pero a la vez irónico, divertido, que en su misma forma hable del fondo del proyecto.  
Por último, me gustaría saber si en tu opinión aún te falta escribir una novela que te consolide en el panorama mundial. ¿Cuál es el siguiente paso en tu carrera?   
Estoy terminando una nueva novela, que será publicada el segundo semestre del 2002. Creo que de lo único que debo preocuparme es de escribir y escribir, y de tratar de sorprenderme con cada nuevo texto. Ahora, son otros, los críticos, los lectores, quienes dirán si escribí o no alguna frase, alguna página, algún texto, alguna novela que me justifique. Yo quisiera que quedara algo. Confío en que lo que queda para la posteridad no es siempre lo que más resuena hoy. 

Publicado en:

Revista Flecha en el Azul. Lima, 2001.

Pterodáctilo : Revista de Arte, Litertura y Lingüística, 2005 Spring 2001; 1(1): 12-16.

Referencia electrónica:

http://www.pterodactilo.net /uno/TrellesPaz.pdf

 
 
 
 
 
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